Estudiante de Entrenamiento en Gestalt Trascendente.

Oct, 2017 |Por: Juliana Molina U

“Debes ser honesta, honrada, responsable buena estudiante y tener novio a los 19 años como tu hermana, no antes; no debes pelear con tus hermanos, no puedes poner problema, eres la bonita de la casa, tu siempre con mala cara, eres igualita a tu mamá, tienes que ser positiva tu eres muy negativa, eres brava, tienes que compartir, tienes que seguir con la empresa de tu papá, tienes que estudiar algo como administración de empresas, yo te veo como ejecutiva de mercadeo de coca-cola, para vivir bien toca tener plata, te vas a tardar la vida entera para descubrir lo que más te gusta hacer, toca trabajar, no puedes dedicarte solo a ser mamá, eres muy buena mamá; tu eres nuestro ángel en la tierra, la que nos cuida a todos, que suerte tenemos de tenerte; tienes que compartir a tu hijo, tu no eres fresca deberías ser más fresca, que problemática que eres, lo tenemos que hablar todo, tienes que ser más diplomática, eres muy directa, tienes un carácter fuerte, eres autosuficiente, tus hermanos son tan parecidos a tu papá, tienen ese don de gente, quererlos es fácil; a ti nada te da pena” ….. Y así me llené de deberes seres, de tener que hacer, de muchos “soy” que no soy en realidad. Me los pegué, me identificaron, me dieron un lugar, me duelen, me confunden, los cuestiono, no se cómo vivir sin algunos de ellos y me aterra cargar a mis hijos de estos mandatos.

Pensé que había enterrado algunas de estas etiquetas y aparecieron con mucha fuerza. Aparecen con culpa ¿cómo no quiero ser como mi mamá? ella es buena, amorosa, buena mamá y no quiero ser como ella, no he querido ser como ella nunca porque era chévere parecerse a mi papá, el que se parecía a mi papá era dulce, bueno, amoroso y mi mamá era fuerte, directa, brava, difícil. Yo era la difícil, la que cuestionaba, la que no seguía las reglas, la que tuvo novio a los 14 años, la que no se ponía los tacones que mi mamá quería, la que no encajaba, la del medio, ni la grande ni la pequeña.

No me sale la voz, no puedo gritar, no hay rabia, hay dolor. Me doy cuenta que me muevo como un péndulo y que me muerdo los labios cuando me duele el alma, mis piernas se tensionan mucho, hay un dolor que pensé ya no tenia más y acá esta, sale lleno de miedo.

Denuncio un miedo: hago cosas para ser amada, me da miedo que no me amen así como soy, creo que debo cuidar, organizar, estar pendiente de todos para que me quieran, ese es mi lugar y me canso, quiero que me cuiden a mi y que me quieran sin tener que hacer tantas cosas, deseo que quererme sea fácil.

Respiro, siento mi cuerpo, lo recorro, me habla, es la prueba de mi proceso, de mi existencia; me dice que estoy bien, sana, bonita. Susurra unos dolores, debo dejar de pensar para poder escucharlos. Hay tres de color rojo; uno no me deja hablar, otro me impide estar erguida y el otro se camufla y aparece como una punzada de alerta al peligro, es un dolor conectado con mis hijos, es en mi pelvis.

Es evidente que no los atiendo. 

Ahí están y los bailo. Aparece una figura de defensa que sutilmente se transforma en una forma sublime donde la mejor manera de defenderme trasciende en la conexión con el universo. Ahí estoy yo de verdad, mi verdadero yo, o no, simplemente esta otra forma de mi ser que me gusta y es cómoda, o es una forma que quiero para mi, no sé bien, es un espiral donde transito sin saber con certeza en que parte de él estoy. 

Me nutro de tus deberes seres, de tu dolor, tus locuras, mis juicios hacia ti, me alimento de esta energía psíquica que estoy explorando conscientemente por primera vez y me doy cuenta de lo mío, lo que me pesa, lo que no se como no cargar, lo que no quiero y lo que decido dejar.

Salí integrada, desnuda y con la fantasía de tener otra identidad. Sin embargo sigo siendo la misma, solo que mi mirada ha cambiado y mi lugar sube y baja…no hay tanto cambio en realidad, lo que hay es consciencia del lugar que ocupo y un poder para decidir con que de todo esto me voy a quedar.

#JulianaLaLooba

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