Estudiante de Entrenamiento en Gestalt Trascendente.

Oct, 2017 |Por: Juliana Molina U

Te veo  Sombra, de frente y contenida. Te veo en mis letras, representaciones y en la voz del otro sin pretensiones  o “deberes seres”. Me devasta, me duele desde el recuerdo más remoto de mi infancia hasta mi hoy de todos los días.

Te veo Sombra, de frente en mi quietud no deseada,  en la danza no bailada, en la sombra de otros, en mi risa descontrolada (que me lleva de vuelta a mi niñez), en el frío de mi necesidad no atendida por años, en  lo que me molesta de los que amo, en mis carencias, mis no logrados, mis renuncias y pérdidas. 

Te veo sombra, a los ojos y se me hace un hueco en el estómago, se llenan de sal mis mejillas, mi boca se entume y mi nariz se enrojece. Te veo cuando me fundo con quien se me acerca vulnerable o quien incluso se atreve a cuidarme en mi versión más hostil.

Te veo Sombra y te quiero quemar, siento vergüenza, no te quiero mirar a los ojos, se me estriñe el cuerpo y el alma con la idea de reconocerte. Me siento humana, más que nunca.

Te veo Sombra, me atraviesas, me desbaratas, des-dibujas mi identidad, me haces mierda y de pronto me sorprendes con algo de compasión y cuidado, me permites pedir ayuda y decir que no puedo con esto que eres y que soy. Si, que soy, que fui, que duelo aún. 

Te veo Sombra, lloro sin poder contenerme, sin poder respirar, se me vienen al sentir los abusos recibidos, los dolores escondidos, las expectativas no cumplidas, las etiquetas que me han abierto la puerta a pertenecer, el daño que he causado. Me veo a través de este dolor, humana, vulnerable, necesitada, incapaz, defectuosa e imperfecta.

Te veo Sombra, respiro un aire esperanzador de poder vivir contigo y amarte, respetarte y comprenderte (en este caso, hasta que la muerte nos vuelva a unir y dejemos de ser dos en uno), liberar y compartir algo de ligereza, esa dicha de ser sin pensar en lo que viene después, esa posibilidad remota que tengo de que sea a mi a quién cuiden, donde no soy responsable sino de servirme y atender el gozo y la dicha de la vida, sin tener que dar algo a cambio.

Querida Sombra, gracias por invitarme a ver mi trampa, mis carencias y mi posibilidad de renacer contigo. Gracias por mostrarme mi verdad, mis opciones, mis elecciones; gracias por los regalos que me has dado, la gratitud que he recibido de los demás estando en ti, los placeres y victorias que he disfrutado en tu nombre, por acompañarme en la sensatez de verme desnuda, verdaderamente desnuda; ver el lodo escondido. Lidiar con todo eso e intentar trascender.

Te veo Sombra, con ganas de volar a tu lado y no volverme a ahogar, cómo dice la canción “porque en tus ojos están mis alas y está la orilla donde me ahogo”. Estoy con ganas de amarte, caminar en ti y volvernos una sola fuerza tan colorida como se es posible. Quiero esta vez, bailar contigo.

#JulianaLaLooba

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