Ella es explosiva, mega-explosiva…(unique)


Estudiante de Entrenamiento en Gestalt Trascendente.

Oct 30, 2017 | Por: Juliana Molina U

Así me describió mi papá cuando tenía 22 años.

Desde siempre he tenido esa fuerza, ese fuego, esa explosión y con el tiempo he decidido mandarla al sótano, ocultarla, esconderla, desconocerla, desdibujarla porque no he sabido fluir con ella, jamás me enseñaron, esa fuerza siempre la entendí como referente de lo “malo”, lo “inapropiado”, lo indeseado.

Bailo con sabiduría, siendo el cuerpo y siendo todo.

Me doy cuenta de lo obvio, de mi cuerpo y su poder.

He atropellado a otros sin intención, me han juzgado desde esa fuerza que daña,  me ha dolido  y  he decidido no aceptarla, “desmembrarla” de mi SER.

He olvidado las bondades de ser “explosiva”, he creído que aquellos que son sumisos, suaves, “fáciles”, con menos límites y condiciones son más amados y sentirme amada ha determinado mis ganas de ser lo que no soy.

Entonces empecé a medir mis palabras, a hacer consciencia del tono en el que hablo, de darme cuenta de mis gestos. Y aún teniendo ese minucioso cuidado mi fuerza se ha rebosado, sin mesura por su puesto, ha salido como el agua hirviendo en una olla tapada y nos ha quemado; a mi y a los que han estado cerca.

Y ahí me la he pasado de un polo al otro, o pretendiendo estar en el polo que no soy para así equilibrar, negociar y tratar de domar esta fuerza indomable.

Esa fuerza soy, ¡cómo me ha costado aceptarme!

Se supone que esto de ser controladora, “directa”, con capacidad de poner límites (en realidad muchas veces no he sabido cómo hacerlo por miedo a atropellar a otros), mandona, fuerte, impetuosa, autosuficiente y otras más; están en cómo me defino, en parte de mi identidad. Sin embargo, esa parte de mi la llevo tratando de desdibujar por muchos años, y darme cuenta de esto me ha quitado el aliento.

¿No puedo ser esa mujer dócil, suave, tolerante, permisiva, complaciente que todos van a amar?  Una negativa a esta pregunta me  llena de miedo a ser rechazada, juzgada, etiquetada, mala mamá, mala esposa, mala nuera, mala cuñada, mala hija, mala.

Y lo que estoy descubriendo así parezca obvio es que no. No voy a ser eso sin ser también la fuerza que viene conmigo.

Cómo me pesa toda esa responsabilidad de aceptarme con la fuerza que tengo; que cuando la miro con compasión y honestidad me doy cuenta que también me ha permitido vivir momentos difíciles con entereza,  ha insistido en lo que nadie insiste como una elección obstinada a ser feliz desde otro lugar,  le ha dado oportunidad al amor sobre el miedo, me ha permitido escuchar mis deseos y luchar por hacerlos realidad así parezcan una gran locura, me ha permitido relacionarme con la muerte desde la certeza y no desde la duda, me ha permitido tener tres hijos sin tribu y disfrutarlo aún en la dificultad y frustración, me ha permitido tener valor para verme de frente cómo lo hago en este proceso personal e inmenso camino del “darme cuenta”.

Esa fuerza me ha dado tanto de lo que también soy “en lo bueno” que resulta confuso este lugar intermedio.  ¿Podré tenerlo todo? ¿podré tener la fuerza y aún así ser compasiva, suave, complaciente y amorosa? ¿en que momento esta fuerza me quita lo que también es mío? ¿cómo me permito tener esta fuerza y al mismo tiempo dejar ver que soy compasiva con los demás, noble, amorosa, solidaria, complaciente, que tengo interés genuino por el bienestar de todos y conservar mi “buen“ corazón?.

Ahí voy, conociendo el punto medio, saliéndome de los blancos y negros, permitiéndome ser un abanico de posibilidades, dejando aullar a mi loba, admirando mi fuerza.

Tengo Fé en que esto trascenderá el “darme cuenta”, que llegaré a sacar esta fuerza y la administraré  través de la compasión y el amor, que me daré la oportunidad de descubrir que es por “eso” y a pesar de “eso” que soy amada, que puedo ser YO plenamente y así también me amarán y amaré.

Gracias Prisma, gracias infinitas.

JulianaLaLoba